Caso de estudio: la casa que se construyó sin abrir un camino (Pichiquillaipe) | ZeroCabin

julio 22, 2026 | ZeroCabin

220 metros de pasarela, cero caminos abiertos y un envigado de metal de 2,6
metros: así construimos en Pichiquillaipe sin interrumpir la vida del bosque.

Hay clientes que piden una casa en el bosque. Y hay clientes como los de Pichiquillaipe, que fueron explícitos desde el primer día: “no queremos impactar el bosque”. Y lo decían en serio — precisamente habían comprado ese terreno por el bosque mismo, con orilla de río incluida. Este proyecto terminó siendo, probablemente, el ejercicio más extremo que hemos hecho de construir con el mínimo impacto posible.

El problema: no había dónde construir
El terreno no era un bosque plano y ordenado. Era una superficie muy accidentada, con varios mini valles formados por antiguas vertientes de agua. En los primeros 50 metros desde el acceso, era literalmente imposible instalar un lugar de construcción: demasiado bosque, terreno muy quebrado, y un horizonte de corte —el punto por sobre las copas de los árboles por donde entra el último sol de invierno— demasiado alto para pensar en calentar una casa con el sol ahí.

Recién al final del terreno, a 100 metros del estacionamiento, encontramos un lugar relativamente plano, con árboles más bajos (bosque semi renoval), donde era posible cortar la mínima cantidad de árboles necesaria para lograr la mayor exposición norte posible. Ese fue el punto elegido — no el más cómodo, el único que funcionaba.

El desafío estructural: subir la casa sin subir el impacto
Incluso en ese punto, para captar algo de sol en los días más cortos de invierno —tanto para calefacción como para calentar agua y alimentar los paneles solares, que no tenían ninguna posibilidad de estar a nivel de piso— la casa necesitaba un envigado de al menos 2,5 metros de altura.
Ese requerimiento nos obligó a desarrollar un envigado de acero con un reticulado espacioso, que deja mucho paso de luz entre vigas. La solución resolvió dos problemas a la vez: primero, permitió ganar altura para captación solar sin necesitar fundaciones descomunales; segundo, dejó todo un nivel utilizable justo debajo de la casa —leñera y otros espacios abiertos— con la vivienda propiamente tal sostenida desde los 2,6 metros hacia arriba, con el piso ventilado.
Eso último no era un lujo: a solo 15 metros de un río, la humedad ambiental es alta, y un piso ventilado es
prácticamente obligatorio para que la estructura dure.

El problema de las fundaciones (y por qué no había otra opción)
Un envigado así normalmente pediría fundaciones grandes. Pero llevar cemento en camión 100 metros bosque adentro era, directamente, impensable — y no por falta de voluntad: el terreno era demasiado accidentado incluso para pensar en abrir un camino cortando árboles. La topografía simplemente no lo permitía.

La solución: 220 metros de pasarela
La respuesta fue construir una pasarela que serpentea entre los árboles, subiendo y bajando desde el estacionamiento hasta el punto de construcción. Al final, esa pasarela llegó a los 220 metros lineales, con 1,6 metros de ancho — suficiente para que un moto de 4 ruedas pudiera transitarla cargada.
Por esa pasarela entró literalmente todo: paneles, fierros, agua, cemento, arena, vidrios, mobiliario — cada elemento con distintos tipos de carro adaptados a lo que tocaba transportar. Fue, sin exagerar, uno de los ejercicios logísticos más extremos que hemos resuelto: llevar una construcción completa, kilómetro adentro del bosque, sin abrir un solo camino para vehículos.

El resultado
Pichiquillaipe es posiblemente el proyecto de habitabilidad autónoma más integrado al bosque que hemos construido sin camino de acceso — el más lejano desde un estacionamiento, con un impacto muy por debajo del límite de cambio aceptable que nos proponemos en cada proyecto. Hoy nuestros clientes pueden pernoctar en medio del bosque, junto al río, sin haber interrumpido la vida de la fauna silvestre que ya vivía ahí antes que ellos.
Este es, en el fondo, el resumen de lo que entendemos por proyecto de vida autónoma: no se trata de imponerle una casa al bosque, sino de encontrar, terreno por terreno, la única forma de habitarlo sin desplazarlo.


¿Tienes un terreno con un desafío parecido? Cuéntanos cómo es — mientras más “imposible” parezca, más nos interesa mirarlo.